CodipacChilpo abril 16, 2019
Misa Crismal 2019

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El Papa Francisco ha dicho que la Iglesia no se puede entender como una simple organización humana, la diferencia la hace la unción que el Espíritu da a los obispos y sacerdotes para servir al pueblo de Dios.

“He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido. Lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza.

Contará con mi amor y mi lealtad y su poder aumentará en mi nombre. El me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva” (Sal 88).

El Salmo 88 nos habla de David que fue ungido con el aceite santo del Señor y por eso lo sostuvo su brazo.

Esta unción tiene un significado espiritual: Sin esta unción David habría sido solamente el «jefe» de «una empresa», de una «sociedad política, que era el Reino de Israel», habría sido solamente un «organizador político. Sin embargo, después de la unción, el Espíritu del Señor desciende sobre él y permanece con él. Y la Escritura dice: «David iba creciendo cada vez más en poder y el Señor Dios de los ejércitos estaba con él». Y ésta es precisamente la diferencia de la unción.

El ungido es una persona elegida por el Señor. Así es en la Iglesia para los obispos y los sacerdotes.

Los obispos no son elegidos solamente para llevar adelante una organización, que se llama Iglesia particular, son ungidos, tienen la unción y el Espíritu del Señor está con ellos.

Todos los obispos, todos los sacerdotes somos pecadores, todos, pero somos ungidos. Y todos queremos ser más santos cada día, más fieles a esta unción. Y eso es lo que hace la Iglesia precisamente, eso que da la unidad a la Iglesia, es la persona del obispo, en nombre de Jesucristo, porque es ungido, no porque ha sido votado por la mayoría.

Consagración del Santo Crisma

Y en esta unción una Iglesia particular tiene su fuerza. Y por participación también los sacerdotes que son ungidos.

Gracias a la unción, nace en los obispos y los sacerdotes esa alegría y fuerza que permite llevar adelante a un pueblo, ayudar a un pueblo, vivir al servicio de un pueblo.

Dan la alegría de sentirse elegidos por el Señor, mirados por el Señor, con ese amor con el que el Señor nos mira, a todos nosotros.

Así, cuando pensamos en los obispos y en los sacerdotes, debemos pensarlos así: son «ungidos».

De otra forma no se entiende la Iglesia, pero no solo no se entiende, no se puede explicar cómo la Iglesia va adelante si solo fuera con las fuerzas humanas.

Esta Diócesis de Chilpancingo-Chilapa va adelante porque tiene un pueblo santo, muchas cosas, y también un ungido que la lleva, que la ayuda a crecer.

Esta parroquia va adelante porque tiene muchas organizaciones, muchas cosas, pero también tiene un sacerdote, un ungido que la lleva adelante.

Nosotros en la historia eclesial y diocesana conocemos una mínima parte, pero cuántos Obispos santos, cuántos Sacerdotes santos, que han dejado su vida al servicio de la diócesis, de la parroquia; cuánta gente ha recibido la fuerza de la fe, la fuerza del amor, la esperanza de estos párrocos anónimos, que nosotros no conocemos. Pero puedo afirmar: ¡Hay muchos!

Son muchos los párrocos de comunidades chicas, o párrocos de ciudad que con su unción han dado fuerza al pueblo, han transmitido la doctrina, han dado los sacramentos, es decir, la santidad.

Hoy día, las noticias a nivel local, nacional e internacional dan cuenta de los escándalos que hemos provocado los Sacerdotes, Obispos y Cardenales en el tema de los abusos sexuales de menores o también el escándalo de algunos Sacerdotes que han quebrantado la promesa del celibato. Es cierto, hay escándalos, y todo esto es reprobable y nos debe ayudar a reflexionar, a corregirnos y enmendarnos.

Pero también es cierto que existen muchos Sacerdotes buenos y fieles a su ministerio, Sacerdotes que han hecho y hacen tanto bien, Sacerdotes entregados a Dios y a su pueblo. Que entregan todo lo que son y todo lo que tienen.

También existen tantas obras buenas que realiza la Iglesia en las Misiones, Escuelas, Hospitales, Orfanatorios y tantas obras de caridad y auxilio a la población.

Pero desgraciadamente hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece.

A propósito de la difamación, me gustaron mucho unas palabras actuales del Papa Francisco a propósito de los escándalos dentro de la Iglesia, en una entrevista con el periodista Jordi Évoles.

Papa Francisco dice: “Los medios de comunicación “tienen tanto poder” que, de equivocarse, nadie podría juzgarlos. El máximo líder de la Iglesia católica criticó que: “Ustedes tienen la posibilidad de caer en cuatro pecados, o actitudes malas”, advertía el Pontífice refiriéndose al trabajo del presentador, “la desinformación, doy la noticia pero la mitad, la otra no la doy. Eso va contra el derecho del ciudadano de estar informado; la calumnia, hay medios de comunicación que calumnian sin ningún problema. Las famosas Fake News.

Los medios tienen tanto poder frente a las masas que pueden calumniar impunemente, ¿quién le va a hacer juicio? Nadie; la difamación, más sutil todavía. Toda persona tiene derecho a la buena reputación. Y te sacan y traen una mancha de antes y te la sacan ahora; la coprofilia, el amor a lo sucio, literalmente el amor al estiercol. Hay medios que viven del escándalo, del amarillismo de lo no verdadero”. Nuevamente: Fake News.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido” (Is 61,1)

En este texto del profeta Isaías contemplamos al enviado de Dios ya “ungido y enviado”, en medio de su pueblo, cercano a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros… y al Espíritu que “está sobre él”, que lo impulsa y lo acompaña por el camino.

Jesús quiso ser un “evangelizador”, “un predicador callejero”, el “portador de alegres noticias” para su pueblo. Esta es la “gran opción de Dios”, a saber: que el Señor eligió ser alguien cercano a su pueblo.

Papa Francisco nos ha dicho tantas veces que: “la cercanía es más que el nombre de una virtud particular, es una actitud que involucra a la persona entera, a su modo de vincularse, de estar a la vez en sí mismo y atento al otro.

Así es, un Sacerdote cercano, que sabe encontrar una palabra para cada uno; que habla con todos, chicos, grandes, pobres o con los que no creen… Curas cercanos, que están y que hablan con todos… En una palabra: “Curas callejeros”.

Papa Francisco nos ha sugerido invocar a María, madre de los Sacerdotes como: “Nuestra Señora de la Cercanía”. O sea, como una verdadera madre que camina con nosotros, lucha con nosotros y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios, de modo tal que nadie se sienta excluido.

Pidamos a María, “Nuestra Señora de la Cercanía”, “que nos acerque entre nosotros” los Sacerdotes y a los Sacerdotes con el pueblo, y a la hora de decirle a nuestro pueblo que “haga todo lo que Jesús le diga”, nos unifique el tono, para que en la diversidad de nuestras opiniones encontremos la unidad, para que María haga presente su cercanía materna, esa que con su “sí” nos acercó a Jesús para siempre.

Amén.

Fray Salvador Rangel Mendoza, O.F.M

Obispo de la Diócesis de Chilpancingo –  Chilapa

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