CodipacChilpo mayo 13, 2019
Presbiterio de la Diócesis de Ciudad Altamirano.

El día de hoy 13 de mayo de 2019, llevaron a Cabo la Peregrinación a La Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, la Comunidad Diocesana de la Diócesis de Ciudad Altamirano. La celebración estuvo presidida por Mons. Salvador Rangel Mendoza, Administrador Apostólico de la Diocesis.

De la cual compartimos la homilía completa.

Quiero dar un saludo muy especial a todos ustedes, que llenos de fe, llenos de amor, de devoción a Dios y a la Madre Santísima han venido en peregrinación.

Saludos a los Sacerdotes, seminaristas,  a las religiosas  todos y cada uno de ustedes.

Con gran gozo estamos en la casita de Santa María de Guadalupe y también en nuestra casa, casita de todos los mexicanos y de toda persona que busque al verdadero Dios por quien se vive y que busque a nuestra madre María.

Hoy también estamos celebrando las apariciones de la Virgen de Fátima.

Estamos llenos de alegría porque Dios nos ha regalado un nuevo Obispo, un nuevo Pastor Propio para nuestra Diócesis de Altamirano Mons. Joel Ocampo Gorostieta, por eso estamos contentos, agradecidos con nuestro buen Señor y con el Papa Francisco, ya que esto nos da esperanza, se consolida y confirma nuestra fe y así podremos caminar juntos como Diócesis puesta nuestra confianza en Dios, en María de Guadalupe ya que llevamos a la cabeza del rebaño a un Pastor.

Acabamos de terminar la 107 asamblea del Episcopado Mexicano, se nos ha iluminado e  instruido sobre el Proyecto Global de Pastoral para celebrar los 500 años de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe en 2031 y los 2,000 años de la Redención de Jesucristo en 2033.

En esta reunión de todos los Obispos de México, el Sr. Nuncio Don Franco Coppola, Representante del Santo Padre, nos ha hablado de 3 preocupaciones y desafíos pastorales para la Iglesia de América Latina del Papa Francisco y otras renovaciones urgentes que se deben hacer dentro de la Iglesia Católica.

Dice el Papa: “En América Latina y en todo el mundo nos encontramos actualmente viviendo un verdadero “cambio de época” que exige renovar nuestros lenguajes, nuestros símbolos y nuestros métodos. Si continuamos haciendo lo mismo que se hacía algunas décadas atrás, volveremos a recaer en los problemas que necesitamos superar.

¿Cuáles son los sectores más emblemáticos o significativos en el cambio de época latinoamericano?

En mi opinión son tres a través de los cuales es posible reactivar las energías sociales de nuestra región para que sea fiel a su identidad y, al mismo tiempo, para que construya un proyecto de futuro: las mujeres, los jóvenes y los más pobres”.

1. Las mujeres

Es notorio cómo en muchas ocasiones el Papa Francisco ha hablado del  escaso papel de la mujer en la Iglesia.

A los participantes al seminario por el 25 aniversario de la carta apostólica Mulieris Dignitatem, el Papa lamentó que en ocasiones se confunda el “servicio” con la “servidumbre”.

“Sufro, lo digo de verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas organizaciones eclesiales que la función de servicio de la mujer, que todos tenemos y debemos tener, se transforma en un papel de servidumbre”.

Y esto sucede cuando no se logra o no se quiere comprender el auténtico papel de la mujer en el seno de la Iglesia. “La mujer tiene una especial sensibilidad por las ‘cosas de Dios’”, “en especial para ayudarnos a comprender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene para  nosotros”.

2. Los jóvenes

En toda visita, con palabras preparadas o improvisadas pero siempre colmadas de entusiasmo, el Papa Francisco habla a los jóvenes y de los jóvenes y para los jovenes.

El Papa, en efecto, no solo habla a los jóvenes, habla también a los “mayores”, a nosotros, cuestionándonos: “A los mayores que están aquí y a los que nos están viendo, les pregunto: ¿Qué hacen ustedes para generar futuro en los jóvenes de hoy? (…). Cada uno de los mayores  respondámonos en el corazón”.

“Recuerdo una vez, -decía el Papa Francisco-, que charlando con unos jóvenes uno me pregunta: “¿Por qué hoy muchos jóvenes no se preguntan sobre si Dios existe o les cuesta creer en Él y les falta tanto compromiso con la vida?” Les contesté: “Y ustedes, ¿qué piensan sobre esto?”

Entre las respuestas que surgieron en la conversación, me acuerdo de una que me tocó el corazón (…): “Padre, es que muchos de los jóvenes sienten que poco a poco dejaron de existir para otros, se sienten muchas veces invisibles” (…).

“Es –concluye el Santo Padre-, la cultura del abandono y de la falta de consideración (…).

¿Cómo van a pensar que Dios existe si ellos, estos jóvenes, hace tiempo que dejaron de existir para sus hermanos y para la sociedad? Así los estamos empujando a no mirar el futuro y a caer en las garras de las drogas, de cualquier cosa que los destruya. Podemos preguntarnos:

¿Qué hago yo con los jóvenes que veo?…”. “Sentirse considerado e invitado,… significa encontrar espacios en el que puedan con sus manos, con su corazón y con su cabeza sentirse parte de una comunidad más grande que los necesita…”

Debemos estar atentos, como Iglesia, a no perder el entusiasmo y el compromiso; por ello “nos hace falta crear más espacios donde resuene la voz de los jóvenes”, pues ellos son quienes ayudarán a mantenerla joven (Cfr. E.A. Christus Vivit, Cap. 2).

3. Los pobres

A ellos y sobre ellos habla continuamente el Papa Francisco.

“La condición de pobreza –escribió en su mensaje para la Segunda Jornada Mundial de los Pobres del 18 noviembre 2018-, no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios (…). Podemos preguntarnos:

¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? (…).

A menudo me temo que tantas iniciativas, aunque de suyo meritorias y necesarias, estén dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre…”

Tendamos, hermanos, la mano a los pobres; salgamos a su encuentro y mirémoslos a los ojos para abrazarlos y para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de la soledad. Salgamos y no cerremos los ojos ni nuestras manos ante la pobreza que siempre nos desafía con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la privación de la libertad y de la dignidad, de la ignorancia, la falta de trabajo y el acceso a los bienes más básicos, del tráfico de personas y esclavitud, del exilio y la miseria, y de la migración forzada.

Dejémonos tocar y hagamos nuestra la toma de conciencia del santo Obispo Crisóstomo que decía: “Si quieren honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecien cuando está desnudo; no honren al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras fuera del templo descuidan a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez”.

OTROS DESAFÍOS

1) La formación en los seminarios Además de los señalados, un tema por demás actual y muy presente en el corazón del Papa es el referido a los seminarios y a la formación de los aspirantes al sacerdocio.

Nunca debemos cansarnos de repetir, hasta convencernos, cuánto es necesario que los seminarios cuenten con los más idóneos formadores; cosa que no siempre sucede. Tienen que ser verdaderos mentores, acompañadores, modelos y guías. ¡Un grado de especialización en Teología, a nadie convierte automáticamente en persona apta e idónea para tan trascendental ministerio!

El Papa Francisco, refiriéndose a la formación sacerdotal (Cfr. Civiltà Cattolica “Despierten al mundo”), decía que los seminarios deben convertirse en verdaderas comunidades de formación; con formadores capaces de acompañar realmente de cerca a las personas.

Porque la tarea y misión ahí es formar los corazones de los aspirantes al sacerdocio. No se trata de formar administradores, sino de formar padres, hermanos, compañeros de camino; personas que sean testigos de la resurrección de Jesús. Por ello, la formación debe ser orientada al crecimiento personal y también a su perspectiva final: el pueblo de Dios. El formador, por tanto, debe tener conciencia y claridad de que la persona en formación será llamada a cuidar, servir y santificar al Pueblo de Dios.

El PAPA Francisco ha hablado bastante sobre la formación en nuestros Seminarios y Casas de Formación, lo dicho anteriormente es un pequeño ejemplo para darnos cuenta como el Santo Padre lleva muy en su mente y en su corazón los Seminarios.

Madre santísima de Guadalupe, estamos aquí los fieles de la Diócesis de Altamirano, para ponernos una vez más en tus manos y en tu corazón, te pedimos con humildad que no nos desampares, que bendigas a nuestro nuevo Obispo don Joel, que apartes la violencia de nuestra tierra, que protejas a las mujeres y descubran su gran papel dentro de la Iglesia y de la sociedad, que ayudes a los jóvenes a no desalentarse y a nosotros los adultos que les podamos ofrecer un mundo mejor y de esperanza. Danos un corazón misericordioso y compasivo para con los pobres y los necesitados ya que sabemos que lo que hagamos en favor de un hermano o hermana menesteroso a ti te lo estamos haciendo.

Madre de Guadalupe, bendícenos y protégenos, te queremos decir: “Dulce madre, no te alejes, tu vista de nosotros no apartes, ven con nosotros a todas partes y solo nunca nos dejes, y ya que nos proteges tanto has que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Fr. Salvador Rangel Mendoza, O.F.M.

Administrador Apostólico de Cd. Altamirano.