CodipacChilpo noviembre 6, 2019

Durante este 4 al 8 de noviembre de 2019, se está llevando cabo la Primera tanda de Ejercicios Espirituales de nuestro Presbiterio Diocesano, con el tema: » Encontrar a Dios en lo humano».

Estos Ejercicios Espirituales, se están realizando en la casa de Retiros “Centro Quo Vadis», en el Estado de México, bajo la dirección del Pbro. Antonio Jiménez y con la participación de 27 presbíteros de la Diócesis de Chilpancingo- Chilapa.

¿Qué son los Ejercicios Espirituales?

Son un conjunto de meditaciones y oraciones que preparan al alma para tres objetivos principales:

  1. Quitar los pecados, especialmente los pecados habituales (afecciones desordenadas).
  2. Aumentar el conocimiento de Jesús, para amarlo y seguirlo (aumento de la devoción).
  3. Conocer lo que quiere Dios para mi vida (vocación).

Estos tres objetivos se consiguen mediante una serie de meditaciones, que los guían para producir una conversión espiritual.

San Pablo, que había sido formado en la cultura griega, compara la vida espiritual con una carrera, de hecho, el término ascesis proviene del griego, y los griegos utilizaban este término para indicar el ejercicio realizado por los atletas para desarrollar las fuerzas del cuerpo y entrenarlo para que alcanzara la plenitud de la belleza natural.

Del mismo modo, la Iglesia propone muchos medios ascéticos para que nuestra alma alcance la plenitud de la belleza sobrenatural. Uno de los medios ascéticos más difundidos, pero al mismo tiempo más malinterpretado y muchas veces poco conocido, es la práctica de los Ejercicios Espirituales.

Los Ejercicios Espirituales son «una fuerte experiencia de Dios, suscitada por la escucha de su Palabra, comprendida y aceptada en la propia vida, bajo la acción del Espíritu Santo, que, en clima de silencio y oración, y con la mediación de un guía espiritual, da la capacidad de discernir, con vistas a la purificación del corazón, el camino que lleva a la conversión de la vida y al seguimiento de Cristo para cumplir la propia misión en la Iglesia y en el mundo» (JUAN PABLO II, 12 de febrero de 1994)